Siguiendo un sendero que atraviesa el inmenso parque del palacio, el huésped llega a la piscina de agua dulce rodeada de buganvillas. Más allá se llega a una puerta “secreta” que accede a la playa privada de arena dorada, ideal para niños.
A partir de mediados de mayo en adelante, el clima es fabuloso y los jardines están en flor. Durante los meses de septiembre y octubre, la temperatura aún es veraniega y las aguas del mar maravillosamente tibias.
El espléndido paisaje visible desde el palacio ha sido muchas veces fuente de inspiración para los huéspedes amantes de la pintura. Otros residentes escogen pasar algunas horas a la sombra de los árboles seculares del jardín, leyendo un libro o simplemente disfrutando del ocio en la tranquilidad que rodea al Palazzo Belmonte.